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Packard 110 Junior de 1936: lujosa expresión estadounidense

Packard fue la marca distintiva de exclusividad social en las primeras décadas del siglo pasado.  Marcó una época en la industria automotriz mundial.

Se dice que las marcas más finas de Estados Unidos han sido Cadillac, Lincoln y Packard.  El ciclo de vida de Packard se inició en 1899 y terminó en 1958.

Durante esas casi seis décadas, Packard pasó y libró vaivenes económicos generados por el marco mundial como guerras, crisis y disputas políticas.  A pesar de esas situaciones se dice que nunca hubo un Packard de bajo precio, sino varió sus estrategias para jamás abaratar sus preciados productos.  Un Packard tenía un precio de lista del orden de los US$1,200, mientras que un Ford costaba poco menos de US$500 y un Chevrolet cerca de US$450.

Otra característica de Packard era su implementación tecnológica.  Estos carros, como otras marcas del segmento premium, estaban equipados con los últimos adelantos para su momento de salir al mercado.  Por eso estableció interesantes marcas de resistencia, deportividad y adopción de sistemas que, posteriormente, se verían en otros autos.

Hijo de la depresión

El Packard 110 Junior de 120 caballos de fuerza es uno de los pocos autos “pequeños” fabricados por esta marca.  Sus seis cilindros en línea eran una auténtica rareza, ya que la marca regularmente montaba motores de 12 y 8 cilindros.  Sin embargo, la depresión de los años 30 provocó una fuerte revisión de los planes de expansión y la producción de un auto más pequeño era imperativa para poder mantenerse en el mercado de lujo.

Packard reportó pérdidas por US$ 7.3 millones, con una producción de 6,100 unidades para el ejercicio fiscal de 1934.  El lanzamiento del modelo 120 y el 110 Junior (aquí presentado) fue clave en la recuperación de la empresa.  Para 1936 las ventas fueron de 83,226 unidades, reportando ganancias del orden de los US$ 7 millones.

Belleza y sofisticación ante todo

Los Packard pertenecen al reducido grupo de autos americanos que fueron competencia de Rolls-Royce, Bugatti y Bentley, es decir, eran autos apreciados por las clases más pudientes del mundo.

Si bien Packard presentaba muchos adelantos tecnológicos, la estética no era relegada a un segundo plano.  Por eso, sus líneas encantaron a artistas, aristócratas y políticos del siglo pasado.

Durante la década de los 30 sus líneas eran armoniosas con el viento, sus dominantes luces frontales y sus enormes loderas una personalidad propia de indiscutible belleza, así como de un espíritu muy sofisticado.

Algunos de los elementos típicos eran: las llantas de repuesto ubicadas en el remate de las loderas frontales, la figura alada sobre la tapa del radiador, la parrilla de cola y hermosas líneas aerodinámicas.

El auto presentado en esta edición pertenece a un miembro de la Asociación de Coleccionistas de Autos Clásicos de Guatemala, por lo que su autenticidad ha sido cuidada hasta en el último detalle, esperando terminar su restauración total cuando sea remozada su tapicería.

Por Néstor A. Larrazábal B.


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