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Las sensaciones del silencio

Ponerse al volante cuando se tiene una discapacidad auditiva total es un peligro latente, aseguran los expertos.  Sin embargo, los propios afectados señalan que una persona con sordera maneja de forma más segura que cualquier otro conductor.

¿Pueden conducir vehículos los sordos?  La interrogante hecha a unas 100 personas despertó asombro, desconfianza, duda y temor.  Muchos alzan los hombros y sonríen, ¡creo que sí! ¡con un poco de precaución tal vez sí! ¡sí, pero que siempre carguen sus audífonos! responden al final.

Y es que esa evidente desconfianza en sus respuestas surge ante la inquietud de cómo hace un conductor sordo cuando alguien le bocina frente a un inminente peligro en medio del tráfico.

La respuesta la tiene Jerson Hernández, quien padece de una pérdida de audición severa desde los 6 años.  Ayudado por un traductor de señas, Hernández explica que tiene 38 años de conducir y solamente ha sufrido un percance, el cual no fue por su problema de sordera sino por otro piloto que resbaló en el asfalto mojado e impactó contra su vehículo.

Hernández dice que no maneja a más de 60 kilómetros por hora y se auxilia con el retrovisor interno y los laterales, pues su ángulo de visión le permite ver puntos extremos.  Un estudio señala que los sordos desarrollan de una manera prodigiosa otros sentidos, como la vista, medio por el que pueden hasta seguir una conversación con sólo observar los labios de otra persona que les hable.

La licenciada Marta López, instructora de lenguaje de señas, expresa que de acuerdo con su experiencia, las personas sordas, profundas o hipoacústicas, desarrollan mucho más los sentidos de la vista y el tacto, de tal suerte que aprenden a “oír” a través de sus ojos y de su piel, algo que no le es posible entender a los oyentes.

Además, el deficiente auditivo llega a percibir vibraciones y sensaciones acústicas que le dan un conocimiento de su posición en el espacio, postura, movimiento, equilibrio y orientación, señalan los expertos.

Un estudio realizado por el departamento de Radiología de la Universidad de Washington destaca que los sordos sienten las vibraciones en la misma región del cerebro que el resto de las personas usan para oír.

El cerebro de los sordos, según esta investigación, readapta su estructura para suplir la deficiencia que impone la sordera.

Lo anterior lo confirma Ileana Estrada.  Su esposo, Vinicio Aguilar, tiene una sordera total, pero maneja vehículo desde hace 17 años.  “Cuando va en el tráfico de repente me dice que ahí viene una moto, pero no la ha visto.  Yo le pregunto que cómo lo sabe y él explica que siente en su cuerpo las vibraciones del escape”.

Para los expertos lo que siente Vinicio es verdad, pues los sonidos llegan al oído por vibraciones y es el cerebro, a través de las producidas por el tambor del oído interno, el que las traduce o interpreta.  Un hipoacústico o un sordo pueden perfectamente sentir las mismas vibraciones aunque no puedan traducirlas.

Sin embargo, para el otorrinolaringólogo Víctor Manuel Calderón, aunque el sordo llega a desarrollar otros sentidos, eso no brinda una total seguridad al momento de conducir, más aún en aquellas personas con perdida de audición de 60 y 70 decibeles para abajo. 

Amílcar Montejo, director de la Policía Municipal de Tránsito.
Un poco más allá

Amílcar Montejo, director de la Policía Municipal de Tránsito, expresa que el Reglamento de Tránsito no prohíbe conducir a las personas con esta discapacidad, pero que sí se deberían tomar ciertas medidas de precaución.

Por ejemplo, señala el funcionario edil, nunca deberían ponerse al volante si no portan sus audífonos, ni circular a grandes velocidades y sus vehículos deberían estar dotados con retrovisores especiales, tanto internos como externos.

Montejo recuerda un accidente en el cual se vio involucrada una persona sorda.  Al principio fue difícil entenderle, pero luego “nos comunicamos por escrito, con lo cual se determinó que él había originado el percance”, explica.

Esto obviamente produce un grado de limitación con el medio, ya que las personas no se desenvuelven en conexión natural con su alrededor, señala la audióloga Georgina de Jurado, lo cual representa un peligro al momento de un percance.

Lo mismo comparte la licenciada Ana María Chacón, del Consejo Rotario de Prevención de Accidentes de Tránsito y Educación Vial, al señalar que siempre será un riesgo, pues la señal de presencia de un vehículo cercano estará supeditada a la captación de su campo visual y a la vibración percibida, que no son suficientes.

Lo anterior se ve respaldado por un lamentable accidente de tránsito en el cual un joven con discapacidad auditiva perdió la vida.  El semáforo le marcó verde y él emprendió la marcha, pero fue impactado por una ambulancia que se movilizaba sobre la avenida a gran velocidad con sirena abierta.

Él y su compañero, también sordo, no pudieron escuchar el sonido de alerta de la sirena, hicieron caso al semáforo y continuaron avanzando.  Uno de ellos murió.

En la Asociación de Sordos de Guatemala aceptan la preocupación que existe en torno a este tema, pero señalan que las estadísticas bomberiles reportan más accidentes protagonizados por personas que oyen bien.

Muchos de sus asociados conducen vehículos, pero el índice de accidentabilidad es bajo, expresa Eleana Estrada, una conductora que padece una sordera total.  “Aprendemos a depender de nuestra vista y a mantenernos más atentos”, señala.

En medio de esta discusión, a muchos discapacitados auditivos lo que les interesa es vivir una vida independiente que les dé libertad de movimiento, pese a los obstáculos que deban enfrentar.

Por Jeovany Ibañez

Ilustración: Sergio Espada


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