La violencia es omnipresente en nuestras calles. Se debe tener conciencia de que la menor intención de reclamo o expresión de desafío puede convertirse en una riña resuelta por medio de las armas. Los motivos pueden ser tan simples como no ceder el paso o pretender pasar a otro carril.
De más está decir que las autoridades, lejos de proteger a los conductores, se han convertido también en víctimas. En el mayor número de casos, el altercado dura segundos o pocos minutos, es decir, un pequeño lapso en el cual puede encontrarse la muerte.
Al riesgo inherente que conlleva conducir debe considerarse que se está expuesto al infortunio de ser víctima de asalto, secuestro o robo del vehículo. En esa ruleta de la mala suerte también se incluye estar en el momento y lugar equivocados.
Si bien hay una serie de variables exógenas incontrolables, lo poco que hagamos por salvar nuestra vida puede ser de carácter vital. El momento exige ser más sensato, evaluar constantemente la trascendencia de las acciones y tomar medidas que nos permitan sobrevivir.
Es esencial considerar que:- Ningún automóvil, por caro que sea, es más valioso que la vida. Al final de cuentas su pérdida total o parcial no debe ser motivo para arriesgar la vida. - Si alguien no respeta su derecho de paso, déjelo pasar. Al no enfrentarlo, su prudencia le generará bienestar. - Recuerde que un error lo comete cualquiera y que un insulto puede detonar la violencia de un desequilibrado. - Cualquier abolladura es solamente un daño menor. No la considere una ofensa personal. - No responda insultos. Si un desconocido lo injuria piense cuán poca importancia tiene esa persona en su vida, como para valorar sus palabras.
Si usted se propone justipreciar su vida, se dará cuenta de que puede hacer cosas sencillas para sobrevivir al momento tan caótico en el que nos encontramos.
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