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Con licencia para matar

Para los expertos, ser un buen conductor implica invertir tiempo y dedicación, para emprender camino sobre cualquier vía con destreza. Poseer la licencia no garantiza la pericia de su propietario para manejar un vehículo pesado (de alto tonelaje).

Por ese motivo, viajar por las carreteras de Guatemala se ha convertido en una pesadilla. Los trágicos accidentes, cuyos causantes son los vehículos de transporte pesado y los autobuses extraurbanos, ponen en riesgo la vida de miles de guatemaltecos.

A las 11:45 de la mañana de un miércoles, Melina Rosario Pérez salió de su trabajo y tomó un autobús rumbo a su casa en la colonia Canalitos. Nunca pensó que abordarlo le costaría la vida a su bebé de siete meses de gestación.

³Recuerdo que aunque el bus iba lleno logré sentarme; el conductor manejaba muy rápido, estaba asustadísima², relata. ³Cuando llegamos a la 14 calle iba con mucho temor y de repente vi que un autobús amarillo se nos venía encima. El chofer frenó, sentí el impacto y ya no supe más².

Ella es una de las afectadas en el accidente protagonizado por dos autobuses, ocurrido en la 14 calle de la zona 1. Como de costumbre, ambos pilotos huyeron del lugar, y ese choque terminó con la vida del bebé de Rosario.

Rosario aún cuenta su experiencia, pero no pueden decir lo mismo las 13 personas que murieron el 18 de marzo, al colisionar un cabezal contra el bus donde viajaban en la ruta al Atlántico. Tampoco tuvieron suerte las 11 personas que fallecieron cuando una camioneta a excesiva velocidad, se fue en una cuneta en la ruta a Chiquimulilla, Santa Rosa, a principios de febrero recién pasado.

Y así, la lista de percances protagonizados por el transporte pesado es larga. Según las estadísticas de la Dirección General de Transporte del Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, en lo que va del año 54 personas han fallecido producto de este tipo de accidentes.

Esta situación pone sobre el tapete, una vez más, una verdad que no ha sido enfrentada: la irresponsabilidad y falta de profesionalismo de los conductores de este transporte. Así lo aseguran el ex director del Departamento de Tránsito, Hugo Monterroso, y el presidente de la Asociación Guatemalteca de Seguros -AGIS, Mario Mendizábal. El ex funcionario sostiene que el 90 por ciento de los accidentes se deben a la inexperiencia y falta de pericia de los pilotos.

Ambos respaldan sus declaraciones en lo ³poco efectivos² que han resultado los requisitos que exige la Ley de Tránsito para otorgar la licencia profesional. Monterroso se pregunta: ¿cómo es posible que baste tener 23 años de edad y una licencia tipo ³B² o ³C², por tres años, para ponerse al mando de un trailer o de un bus con 50 pasajeros, sin tener ninguna experiencia?

Un examen teórico de forma para llenar un requisito y 10 ó 15 minutos de una prueba práctica, no son garantía para otorgarle a alguien el aval de llamarse piloto profesional y que circule por las carreteras nacionales, poniendo en riesgo la vida de miles de guatemaltecos, añade Monterroso.

Un buen conductor no nace, se hace

La magnitud de los 38 accidentes que han ocurrido en lo que va del año ha estremecido a la ciudadanía, que ha pedido la adopción de medidas de seguridad. Pero nada se ha logrado. En el Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil cambian constantemente a las autoridades y los que llegan, como en el caso del actual subdirector, Carlos Villatoro, llevan buenas intenciones, pero se quedan allí.

Esa es la principal queja de Héctor Fajardo, presidente de la Coordinadora Nacional de Transportistas de Guatemala, al expresar que la falta de acciones de parte de la Dirección General de Transporte y de la Policía Nacional Civil, provoca los mayores problemas.

Tanto Monterroso como Fajardo no tienen empacho en afirmar que la emisión de licencias falsas continúa y que la edad para emitirla no se respeta.

Para muestra un botón. El 19 de abril de este año, 51 personas resultaron heridas cuando el autobús en el que viajaban se precipitó a un barranco en Pinares, Ciudad San Cristóbal, zona 8 de Mixco. El Departamento de Tránsito de la Policía Nacional Civil constató que el piloto, Angel Renato Palomo Calderón, tenía 22 años y que conducía con una licencia tipo clase ³B², liviana.

Pero no es el único caso. El 4 de febrero 11 guatemaltecos murieron en el kilómetro 98 de la ruta a Chiquimulilla, Santa Rosa, al accidentarse un bus extraurbano. Ese mismo día, otros tres perecieron calcinados al colisionar una pipa de un trailer y un camión, en la ruta al Atlántico. Y para cerrar con un febrero trágico, el 26 de ese mes un accidente de un autobús extraurbano, ocurrido en la ruta a la aldea San Rafael Pacaya, Coatepeque, dejó como saldo seis muertos y 15 heridos.

A criterio de los analistas, la responsabilidad de estas muertes también recae sobre los empresarios del transporte pesado, quienes contratan a pilotos inexpertos que no alcanzan la edad establecida y circulan con licencias adquiridas en forma fraudulenta.

Un claro ejemplo de esto lo constituyen las declaraciones del propietario del autobús accidentado en Ciudad San Cristóbal, Sergio Paulo Natareno, ³lo único que le pedí fue su licencia. Me confié, porque lo había visto conducir un camión y sabía que manejaba un bus extraurbano en Villa Nueva. Además vivía cerca del extremo de autobuses de Peronia, eso me dio confianza, y me aseguraba que no era delincuente².

Ante esta declaración de irresponsabilidad, el diputado Alejandro Maldonado expresa que los propietarios de los vehículos deberán responder ante la ley, cuando ocurra un accidente y los pilotos escapen. Esta propuesta forma parte de una iniciativa legal que el congresista presentará al Legislativo, con la cual busca que la justicia imponga sanciones severas a los conductores de autobuses y camiones que protagonicen percances, ya que casi nunca son castigados.

En defensa del gremio, Edy Durán, presidente de la Gremial de Transporte de Cemento, expresa que no debe generalizarse ya que sí hay pilotos profesionales. Pero esa opinión no es compartida por Pablo René Mérida, subdirector de la Dirección General de Transporte, quien señala que ³la mayoría de conductores lo que tienen es la experiencia de conducir un vehículo, pero no la conciencia y la responsabilidad que conlleva ponerse al mando de un transporte pesado².

La inexperiencia tras el volante

Quien pensó que con obtener su licencia profesional automáticamente le vendría la pericia y la experiencia para manejar un vehículo pesado, se equivocó. Luz de Cabrera, instructora internacional de manejo defensivo, autorizada por el Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, señala que ³una licencia no hace capaz a nadie para conducir un vehículo pesado².

Como ejemplo pone el caso de un estudiante universitario cuya licencia, extrañamente, le permitía legalmente conducir un camión, pero solamente podía manejar su propio carro, porque tenía caja de cambios automáticos.

Para esta experta aprender a conducir parece sencillo y, en la mayoría de los casos, se toma a la ligera, aunque para ser un buen conductor hagan falta muchas horas de práctica y múltiples habilidades.

Los instructores profesionales de manejo estiman que para la formación de un buen conductor, debe darse todo un proceso que conlleva una inducción de 120 horas a los aspirantes, acompañados por un profesional, para tener suficiente pericia y estrategia, y así enfrentar tanto situaciones normales como casos críticos.

Pero ¿qué pasa en Guatemala?, se pregunta Monterroso. Quienes asisten a las escuelas de automovilismo para tomar los exámenes o clases carecen de experiencia, confían en sus instintos y asumen aires de aventura a la hora de manejar un vehículo.

Para Luz de Cabrera los conductores profesionales poseen lo que se llama ³madurez en la conducción², es decir, un nivel superior de pericia que se adquiere con clases continuas.

La mayoría de entrevistados concuerdan que es necesario que el Estado cree escuelas de conductores profesionales, donde se realicen reentrenamientos para los actuales. Allí no sólo demostrarían su destreza al volante, sino su conocimiento total sobre la Ley de Tránsito y otros temas fundamentales, como cuántos metros por segundo se recorren, según la velocidad y las condiciones climáticas, para frenar un vehículo pesado.

Para el funcionario de la Dirección General de Transporte, la capacitación debe ser indispensable y obligatoria, sin la cual no podría ejercer la profesión ningún piloto.

De Cabrera expresa que es imprescindible que los aspirantes a pilotos aprueben exámenes de conducción preventiva, mecánica, primeros auxilios y combate de incendios. En aspectos psicológicos deberían manejar técnicas para calmar la agresividad, tolerar estrés y tener habilidad para atender al público. De lo contrario, no se les debería otorgar una licencia profesional.

A la par de ello, Monterroso aboga porque se realice una profunda reforma de la Ley de Tránsito, la cual es insuficiente, para que los requisitos que permiten obtener una licencia profesional sean más rigurosos.

Otra de las reformas que urge, señalan estos expertos, es la reclasificación de la licencia profesional. Por ejemplo, quienes manejan un transporte colectivo o de estudiantes deben contar con una licencia especial, ser capacitados en el trato de personas y aprobar los cursos de profesionalización.

Lo mismo pasa con los conductores de pipas para combustible, quienes llevan prácticamente una bomba en las cisternas y deberían estar muy bien capacitados en el manejo y protección de productos inflamables.

En fin, mientras las autoridades no tomen acciones concretas, conducir seguirá siendo peligroso. No en vano los accidentes de tránsito se han colocado en los primeros lugares en las causas de fallecimiento de personas en todo el país.

Jeobañi Ibañez

Foto: Mynor de León
Fotoarte: Nelson Xuyá


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